Fue el mensaje que como profética predicaron los abolicionistas norteamericanos entre el 1830 y el 1860. El suyo fue un mensaje que clamaba por la liberación de los cautivos y veían la esclavitud como un pecado con siniestras consecuencias. Algunos abolicionistas vieron un potencial liberador en el lenguaje de la Declaración de la Independencia. Otros concluyeron que la Constitución Federal era un arreglo irremediablemente defectuoso y una concesión a las fuerzas de las tinieblas. William Garrison llamó a la constitución norteamericana, un “pacto con el infierno”, en abierta referencia a Isaías 28:18. Todos los abolicionistas usaron principios del cristianismo para defender la libertad. Lincoln usó el ejemplo bíblico: una casa dividida no se puede sostener.
Los esclavistas fueron también los primeros defensores de los llamados “Family Values”. Pusieron precio a la vida de algunos abolicionistas y los acusaron de estar azuzando una rebelión de esclavos que destruirían, alegaban, su paz familiar y la cantidad de sus esposas e hijas.
Poco importó que en una de ésas masacres de civiles, una comunidad de evangélicos fueran externadas en el mazote. Apoyaron a Bush, padre; y al hijo. Este último los premió declarando una guerra contra Irak, una nación que no había cometido ningún acto ofensivo contra Estados Unidos. Bajo la deba del hermano Bush, Estados Unidos conoció dos derrotas militares, Irak y Afganistán; un déficit trillonario, al costear dos guerras con deuda pública; una crisis financiera y una recesión. Ese es el legado de los evangélicos sureños; los supuestos defensores de los “Family Values”, ahora son parte del “Tea Party” en su odio a los inmigrantes como yo. Vengo de un país donde esos famosos religiosos se han llevado todo, incluyendo hasta “los clavos de la cruz de Jesús”; mi país es República Dominicana y en aborrecimiento homicida contra el Presidente Obama, ellos son los que ven amenazada su visión fantasiosa de la familia y ven en los jóvenes, las mujeres educadas y en toda persona con grado universitario, un potencial para el caos.
Ese espíritu de puro fariseísmo o infierno hace décadas que prevalece en un sector importante de los evangélicos dominicanos. Apoyaron a Trujillo, a Balaguer, Jorge Blanco, Guzmán, Maclutad y almas viles de todos los malvados ladrones y al dos veces vil, al Presidente Leonel Fernández, que supuestamente, era el candidato con la única moral porque alegadamente era el único que defendía la familia tradicional. La mafia también apoyó a la familia, pues no asesinan en el Día de las Madres.
Las pasadas dos décadas han visto a República Dominicana descascarándose como pueblo y los fariseos, sin enterarse, han continuado con deferencia y sus gene-flexións ante los políticos tenebrosos. Han orado por ellos, en oraciones de plena futilidad. Han guardado silencio ante la corrupción y ante el derramamiento de sangre.
Ahora, los sepulcros blanqueados vuelven a lo único que saben hacer, distorsionar el mensaje emancipador de la tradición judeocristiana y a un país colapsado, se atreven a decirle que la gracia de Dios se apartará de la Tierra del cordero, si políticas públicas a favor de los homosexuales se convierten en legislación.
Gracias a Dios en República Dominicana han asesinado a pastores/as y a feligreses. Han dejado cadáveres cerca de iglesias. Hay una plaga de crímenes contra las mujeres y la pena de muerte, ausente en la norma de la constitución, es aplicable con consistencia clínica, cada día y cada semana, pero los fariseos, en sus pamplinas; se atreven a decir que la gracia de Dios estaba aquí en Santo Domingo cuando gobernaba Balaguer o en Estados Unidos cuando Reagan. Esa gracia no puede estar presente en un país que por dos décadas ha visto casi cerca de dos mil asesinatos por los intercambios supuestos de los policías, delincuentes y gente por años inocentes que mueren en asaltos y robos por la desigualdad social de este pueblo de fariseos cristianos, pero recuerden, son fariseos. En tiempos romanos, honraban a Balaguer, a Trujillo y a Leonel; perdonaron a Barrabás. El fariseísmo, en los tiempos de Jesús de Nazaret; en los tiempos de los abolicionistas, y en el presente, es lo mismo. Danilo Medina, Leonel Fernández, que Lucifer, no cambia. Los fariseos seleccionan sus escrituras donde todo mensaje de liberación es desarraigado, aguado y convertido en complicidad con los poderosos. Se exponen a la advertencia apocalíptica; y si alguno, quitale de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la Santa Ciudad y de las cosas que están escritas en este libro, Apocalipsis 22-19.
Yo, Hector Pena, nacido en República Dominicana, no soy puro, pero creo en el Dios de los pobres, de todo el mundo. Que vivan los pueblos de la Tierra. Con amor a la justicia.
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