Ruegan por piedad a todos por cuanto, sus rostros voltean frente al hotel Marriot, y digo y menciono este centro de hospedaje, porque aquí en la acera de este lugar hay una señora y un muchacho que duermen en el piso a la intemperie y nadie le tiende la mano de misericordia. Oh, los pies de compasión. Sé que antes existió una Madre Teresa de Calcuta, pero en Puerto Rico, Sor Isolina de Ferrer. Oh, en mi país Doña Digna Peña, era esa señora que fue mi madre, que si hubieran pasado por allí, ella tuviera comida, ropa y una limpieza impecable.
Cuanto más camino en el mundo, menos veo en la gente el amor de Dios. Tal vez me estoy poniendo viejo o tal vez estoy contemplando lo que me dice un gran chico Pedro L. Ramírez, que me están llegando los años y todo me da pena o mejor digo, que pensar cuando veo tanta desigualdad social en el mundo, imbécil en que vivimos.
Soy de un mundo diferente, vengo de otro extracto social, por tal razón, tengo compasión con los demás seres del mundo hipócrita, donde hay personas que tienen coche, para pasear a su perro y no paran a darle un pan a alguien que puede ser su padre o madre, quien sabe, si maestros de sus hijos o doctora, enfermera o nuera de algunos de ellos.
Donde están los servicios a las sociedades de menor ingreso que el gobierno debe de proteger? Por qué tanta promoción en un país que mira para los lados a los problemas sociales?
Sé de por si cuanto más años vivo en Puerto Rico, más cuenta me doy que aquí más vale un animal, que una gente de carne y hueso.
Si señoras o señor, cuando pueda, saque tiempo para que se pare a pensar quien es usted que no miramos al prójimo como a nosotros mismos como dijo Jesús, el hijo de Dios.
Pero, no soy de este pueblo para decirles tantas cosas, como yo quisiera, que lo único que me sale es un dolor de adentro del corazón y decirles que Dios los cuide a cada uno de ustedes. Sin amor, a los demás; sin corazón para su prójimo.
Héctor Peña – Paz, amor y salud
